Me llamo Virgilio Raiden. Ese nombre hace a mi identidad como persona. Es raro, ‘Virgilio’, definitivamente, mi nombre seguramente me marcó.

Salvando las diferencias, sobre todo de altura, a los edificios les pasa lo mismo, su nombre los marca. Y a los countries, centros comerciales, también. El nombre que tienen forma parte de su identidad, de su ser únicos en el mercado.

Un proyecto que lleve por nombre la dirección donde está emplazado me parece un descuido afectivo y efectivo del desarrollador.

Las personas quieren vivir en un lugar que hable de ellos, que refleje su identidad, o su querer ser, la falta de nombre es como si fuera una falta de identidad, o de propuesta de vida. Creo que el naming de los proyectos inmobiliarios es una tarea que la deben hacer los desarrolladores, muchas veces acompañados por agencias de marketing que ayuden a definir la identidad de su proyecto, comenzando por lo más básico, su nombre y logo.

En Famaillá, ciudad del interior de Tucumán, Miguel, el chapista del taller ‘Choque Tranquilo’. lo tiene claro, un capo, encontró un nombre memorable.